27 febrero 2007

Complicación: otro aforismo

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Como complemento al aforismo de Complejidad: un aforismo, vaya por delante el siguiente corolario:

No es que los informáticos no sepamos por qué algo no funciona, es que ya no sabemos por qué algo funciona.

Lo que aún nos permite abundar en aquel aforismo, enunciando que:

No es verdad que los sistemas de información sean cada vez más inteligentes, sino que lo cierto es que su endemoniada complicación (que no complejidad) nos hace -particularmente a los informáticos- cada vez más estúpidos.

26/02/07

22 febrero 2007

Complejidad: un aforismo.

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Primero, el aforismo.

Dado un sistema (1) suficientemente complejo, la inteligencia del sistema implicará la necesaria estupidez de sus componentes, y la inteligencia de sus componentes implicará necesariamente la aparición de comportamientos del sistema que parecerán estúpidos e incluso el sistema se podrá volver esquizofrénico y -parecer que pueda- padecer procesos autoinmunes (y eso pasará por hipostasiar al sistema, dígasele empresa, nacion, administración...).

Cómo que es un aforismo y no alcanza a ser una tesis, no lo tenemos que argumentar, sin embargo, y para darle cierto apoyo, lo explicitaremos a través de dos ejemplos. Cogemos un sistema complejo e inteligente: el ser humano, del que podríamos decir que cae en la primer parto del aforismo ¿habéis visto algo más estúpido que un hígado, por muy necesario que sea? Cogemos la Humanidad, de la que podríamos decir que se trata de un sistema que cae en la segunda parte ¿Habéis visto comportamiento más estúpido -y criminal, por muy racional que sea- que una guerra?

Segundo, el resto.

Así, pues, y si el aforismo fuera verosímil, que no verdadero, nos indicaría de alguna manera que el paradigma de la complejidad se inherente a la sociedad humana, y que, más que reducirse en el tiempo, aumentará a medida que aumenten nuestros conocimientos

Esta tesis la podríamos hacer conectar con la tesis de que una de las patas de la enseñanza, el instruir en las artes y las técnicas, nos lleva hacia la locura creativa. Locura que, para manejarla en toda su complejidad y en todas sus posibilidades, tiene que tener un freno: la cordura, que será aportado por la otro pata: la educación, entendido su significado desde la raíz de "*duce": conducir.

Parémonos a pensar: por qué pueden ir los coches a 300, y más, kilómetros por hora? Quiero hacer mención que estamos pidiendo por qué pueden, y no por qué van. El por qué van? es casi una pregunta retórica: porque tienen un motor, claro! Pero, insistimos, por qué pueden? Pues porque tienen frenos. Porque si no los tuvieran, irían -el motor continuaría funcionando-, pero al primer accidente del terreno, a la primera curva del camino, dejarían de poder ir. Y con esto estamos ya preparando el fin del presente texto.

Tercero, y vamos finalizando.

Si el aforismo fuera verosímil y la tesis de las dos patas de la enseñanza -que no la hemos argumentado, es cierto, por carencia de espacio y porque sería un digresión con respecto al tema: complejidad- fuera verdadera, el Humanismo actuaría más como un freno, más como un sistema de poner cordura, y su método de trabajo se complacería más con la reflexión que con el experimento.

La relación que podamos establecer entre Humanidades/Humanismo y el resto de asignaturas de las artes y de las técnicas se paralela a la que podamos decir que existe entre razonable y racional, que si bien los dos conceptos provienen de razón, el matiz que los diferencia tiene la magnitud de un mundo.



(1) Entendemos por sistema un conjunto de elementos (tan elementales cómo haga falta o interese detallar), de los cuales se pueden hacer evidentes unas interrelaciones, unas particiones en base a estas relaciones internas, un nuevas interrelaciones de las particiones y unas nuevas particiones de grado superior en base a las relaciones de este nuevo nivel... y así (relaciones -> particiones -> relaciones -> particiones... ) hasta que haga falta o interese profundizar.

22/02/07

21 febrero 2007

Del acto y del relato ("Diamante de sangre")

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El relato de nuestros actos.

La insalvable distancia entre un escritor y uno que escribe cabe en la frase "el relato de nuestros actos".

El escritor, al relatar los actos (o nosotros nuestros actos, como personajes), deja que sean los actos los que relaten al personaje. El que sólo escribe necesita para ser comprendido relatar, no ya los actos, sino al propio personaje (o nosotros nuestro personaje, a pesar de nuestros actos).

En el arte contemporáneo, es usual que para disfrutar de una obra de arte (que es aquello que el artista dice que lo es, Marcel Duchamp dixit ) necesitemos de un guía o gurú, cuya misión será adentrarnos en su significado. Ello no es bueno ni malo, excepto que sea la única manera de alcanzar la obra en sí -entonces, cuanto menos, es cuestionable. También necesitaríamos de un guía -de ahí que no sea intrínsecamente malo- si intentáramos, sin previo aprendizaje teórico o práctico, escuchar -disfrutando- las fugas de un tardío Beethoven.

Pintura, arquitectura, música, danza, poesía... la complejidad de sus ejecuciones, que para no ser banales deben vibrar a la par que la complejidad de la sociedad que muestran, suele hacer necesariamente inevitable un duro proceso de aprendizaje para su goce. Y ese camino está lleno de trampas sofísticas en las que nos venden atajos para su comprensión. Atajos que igual nos llevan –he ahí la trampa– hacia el poeta complejo que hacia el poeta complicado, a la pintura polisémica que a la insignificante...

del relato que nosotros hacemos de nuestros actos...

En las artes escénicas ,y en particular en el cine, se hace patente la inutilidad de un guía. No hay voz en off, no hay explicación dialogada que pueda, no ya superar, sin tan sólo suplantar a la acción del personaje. Si es el diálogo como explicación y no como acción quien nos da la clave, estaremos asistiendo al relato que el personaje nos hace de los hechos y no al relato que los hechos hacen del personaje. Si la imagen de la acción es episódica, pues muere en sí misma -como un átomo de tiempo presente que no tuviera pasado ni futuro- sin temor a entrar en contradicción con la siguiente imagen, o está tan mecánicamente determinada que contiene en ella a todo el pasado y a todo el futuro, volveremos a estar ante una historia explicada, irrelevante, que nada enseña, ya sea porque en su totalidad nada muestra o porque lo muestra todo en cada instante: banal, en los dos casos.

...al relato que de nosotros hacen nuestros actos.

El personaje es lo que hace, lo que dice -y cómo lo hace y cómo lo dice: he ahí la grandeza del actor, pues puede sublimar con su actuación, con sus actos, el discurso del diálogo y de la acción-, pero no lo que dice que hace -o sí: al hacer "decir lo que hace", nos deja ver que no es otra cosa que fachada.
Y el escritor, que es a la vez lector, y el director, que es a la vez espectador, sólo nos enseñan si ellos -también y durante la creación- aprenden como lectores y espectadores de su obra, y sólo aprenden si el personaje les -y por lo tanto, nos- muestran sus actos sin decir todo en cualquier momento -pues si así fuera, no habría lugar al aprendizaje: todo estaría ya dicho en el inicio- y diciendo algo en algún momento -pues si no es así, nada nuevo habría que aprender.

"Diamante de sangre": ¿Qué relata qué?

19/02/07

14 febrero 2007

Las paradojas del conocimiento...

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Cualquier, y toda, actuación humana es paradójica: en el mejor de los casos genera tanto de lo contrario cuanto de lo que quiere. En el peor, genera exactamente lo que quiere o exactamente lo contrario de lo que quiere.

Tres aforismos.

Lo que también se podría decir así: A mayores certidumbres generadas por la ciencia, mayores incertidumbres vividas por el ser humano.

O abundando en lo paradójico: En un sistema cerrado vivo -sea lo que sea que quiera decir un sistema vivo-, el total de entropia social nunca disminuye.

O también: La realidad es aquello que aún no sabemos qué es.

(Más de seis mil millones de seres humanos pululando por el planeta: nuestro comportamiento empieza a parecerse al de las moléculas de los flujos y reflujos de un fluido -caótico, por definición. Tomando a la termodinámica como metáfora ¿podremos empezar a aventurar leyes de sociodinámica?)

05/02/07

Aforismo

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Cuando se falta a una promesa no se rompe sólo la confianza, se transgrede la ley que conforma la sociedad civil.

25/12/06

Verse a "sí mismo como otro"

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Hola, Lluvia, aunque seguro que lo sabes, quiero mostrar mi público agradecimiento por tus palabras.

Escribir es –o sólo se logra cuando alcanza a ser– escribirse a sí mismo como otro, y a veces, cuando uno consigue leerse a sí mismo, le es dado verse a sí mismo como otro (1). Como otro cualquiera.

Pero siempre ha de ser otro –otro cualquiera: tú, por ejemplo– quien te acabe mostrando cómo uno es como otro. Como otro cualquiera.

Y así casi se cierra un círculo, siempre en la permanente búsqueda de un punto más, aquél que marca la mitad de lo que queda hasta el final, y que como siendo Aquiles, cada paso, cada párrafo siempre marca la mitad de lo que queda: siendo espectador de mí mismo soy a la vez actor (pues es una acción escribir algo), lo soy a la vez, sí, pero no en el mismo sentido, y nunca sé si lo logré –ser actor– hasta que vuelvo a ser espectador –lector– y me reconozco a mí mismo como otro en el actor que representa –escribe– para mí, que ahora sí es como otro.

Gracias.

(1) Este magnífico concepto "sí mismo como otro", que nos propone el extrañamiento de uno mismo como único camino para acceder a algún conocimiento sobre sí mismo y sobre cualquier otro, es de Aristóteles.

14/02/07

13 febrero 2007

Aritmética ¿simple?

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(datos: El País, 07/02/2007).

Presupuesto federal EEUU año 2001: 1,8 billones de dólares.

Suma de hipotéticos presupuestos federales del 2001 al 2008, tomando como patrón de incremento el IPC estadounidense: 16 billones de dólares.

Suma de presupuestos federales, reales y propuestos por las dos administraciones Bush Jr., del 2001 al 2008: 18,8 billones de dólares.


Diferencia: 2,8 billones de dólares.

Si añadimos la anunciada detracción (entre 0,6 y 09 billones) en partidas sociales, nos da un total de 3,4 a 3,7 billones de dólares que han ido o irán... ¿dónde?

Si no todo es coste de la guerra de Irak –cuyo gasto, en las más desfavorables apreciaciones hasta el 2008, no sobrepasará los 1,3 billones de dólares–, si no se ha producido un cambio favorable en el estado del bienestar ¿dónde ha ido este importe, que representa el equivalente a 1,5 presupuestos federales del último año Clinton –año que finalizó, no lo olvidemos, con superávit?

13/02/07

Sociedad gorda

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Para los que estamos gordos, sólo hay una forma de adelgazar: ingerir menos calorías. No se adelgaza cambiando la fuente de la caloría, aunque está claro que con ello bajaremos el riesgo de colesterol, úrico, triglicéridos y otros indicadores. Se adelgaza consumiendo sólo las necesarias calorías. No, no crean que estoy hablando de sobrepeso individual; estoy hablando de sobrepeso social, del cambio climático.

Como metáfora, sin embargo, sirve: nuestras gordas sociedades se plantean cambiar la fuente de las calorías, no su nivel de ingesta, y con ello tal vez evitaremos unos riesgos ciertos; pero aún son demasiado débiles las voces que se plantean la imposibilidad de mantener el actual patrón de sobrepeso. ¿Se imaginan qué consumo final significaría que el 80% menos pudiente, que en total absoluto consume la mitad que el 20% más opulento -lo que significa que cada uno de nosotros consumimos ocho veces más que cada uno de ellos-, elevara su nivel de vida hasta la mitad del nuestro? Doblaríamos el consumo a escala mundial.

Señores, Kioto es poco.

13/02/07

03 febrero 2007

Del machismo (I)

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¿Cuál de las dos proposiciones contiene menor cantidad de error?

...se es machista porque se actúa de forma machista, o,
se actúa de forma machista porque se es machista...

¿Cabe alguna duda de que el fenómeno machista no entiende de clase social, nivel cultural, nacionalidad, religión o ideología? Incluso el sexo, me atrevo a decir, no es un determinante suficiente para delimitar el machismo.

¿Qué ocurre, pues, con el machismo? ¿Qué deberíamos tener en cuenta en su gestación, aunque nos sonara paradójico, que ahora no apreciamos, o por lo menos, no con la suficiente consideración?

Tal vez deberíamos aislar dos momentos, niveles o situaciones del proceso machista. Aquél que, de alguna manera, indicara la existencia de un cierta predisposición a serlo y aquel que, tal vez más tangible, mostrara las circunstancias en que la crisis machista se desata.

Un crisis que no tiene por que ser entendida tan sólo como violencia suprema –física o psíquica–, sino que se debe entender como todo aquel, y cualquier, conjunto de reacciones donde la racionalidad supera a la razonabilidad (en la racionalidad se debe incluir el "actuar sin pensar" no patológico –no sujeto a una categoría de enfermedad mental–, hablamos de aquel actuar sin pensar producto de la asunción no crítica y mecánica –y por ello tan interiorizada que deviene automática– de comportamientos racionales suficientemente aceptados y refrendados por el entorno del –o de la– machista) en la línea de lo que John Rawls entiende por racionalidad –capacidad de decidir u escoger a favor de uno mismo en función de argumentos complejos, objetivos y sin atisbo de restricciones éticas o morales– y por razonabilidad –la racionalidad matizada por la responsabilidad sobre los efectos y resultados de la decisión.

Si optamos por negar la existencia del nivel primario de predisposición –y por ello concluimos que el machismo es un fenómeno de raíz puramente cultural– nos va a ser difícil explicar cómo puede darse un hecho machista en un entorno socio cultural ajeno al –o por lo menos no favorable o promovedor del– machismo. Qué duda cabe, en cambio, que de forma global y estadísticamente comprobable, ciertos procesos culturales conllevan que las acciones machistas vayan desistiendo, por lo que cabe convenir que la cultura –no la mayor o menor cultura, sino las opciones que una concreción dada de la cultura adopta– tiene que ver, y mucho, con el mayor o menor grado de machismo que una sociedad acepta –interioriza– sin planteamiento crítico.

(29/01/07. Continuará)