22 enero 2007

Llego tarde

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Llego tarde
como siempre desde
hace años
pero no importa, pues
cuando fue necesario
llegué oportuno.

La camarera joven
y amable
me vuelve a recordar
que llego tarde
aunque justo cuando
debo llegar.

Hace diez años hubiera
dicho -con Silvio-
con diez años
de menos hubiera
saltado
y entonces sí que...

Habría llegado tarde.

22/01/07

16 enero 2007

Las palabras ¿Valen algo? ¿nada? ¿todo? (T-4 y III)

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Cuando las palabras dejan de significar algo, sólo pueden significar nada o todo, que es idéntico a nada.

Victoria Kent, que fue directora general de Prisiones en la II República, nos dice:

"Medité y decidí mi viaje. Ordené formar a la población reclusa en el gran patio. Les hablé desde una plataforma allí instalada y dije que el gobierno se interesaba especialmente por la reforma de las cárceles y presidios... que se iba a mejorar en lo posible la vida del penal. Pero teniendo noticias de que algunos estaban armados, la primera condición que ponía era la del desarme inmediato. Lo recuerdo como si lo hubiera vivido ayer. El personal que estaba detrás de mí quedó sobrecogido. Siguieron unos minutos de silencio e incertidumbre, cuando de un lejano rincón situado a la derecha, surgió un recluso joven, fuerte y decidido,y tomando el arma que llevaba en el bolsillo, la tiró al extremo del patio. A continuación una lluvia de armas fue dirigida al mismo rincón. El penal quedó desarmado. Agradecí, no sin emoción, el rasgo viril y respetuoso, y prometí lo que más tarde se fue realizando en el penal: el arreglo de un campo de deportes y la puesta en marcha de talleres de trabajo. Al día siguiente asistí a la comida en común, las caras me sonreían ... Este episodio constituye uno de los más fuertes recuerdos de mi vida".

No soporta comparación la lucidez de Victoria Kent contra el pacato comportamiento de J.L. Rodríguez Zapatero. Y aunque le hubiera salido mal la apuesta, Victoria Kent no dudaba de que diciendo lo que debía decir, hacía –y preparaba el terreno para hacer– lo que era necesario hacer. Las palabras, para Victoria Kent, significaban algo, no todo, pero sí algo.

Pero para J.L. Rodríguez Zapatero las palabras parecen significarlo todo, y así se ha dejado enredar en el relato (palabras) que los dirigentes del PP hacen, y que Mariano Rajoy verbaliza. Así se ha dejado enredar en el relato (palabras) que ETA hace, y que Armando Otegui fonetiza. Y así el principio de realidad le alcanzó con esta virulencia.

J.L. Rodríguez Zapatero olvidó a Aristóteles y su descripción de la tragedia, y el principio de realidad es trágico y se impone -se le ha impuesto- por la vía de los hechos. Y sólo a través de las acciones de los actores, que no de sus relatos, nos enseña Aristóteles que nos es dado conocer el argumento.

Y para los dirigentes del PP y para los cabecillas de ETA, en cambio, las palabras no tienen ningún significado. Significan nada.

Si aquel joven y fuerte penado se desarmó, no fue sólo porque las palabras de Victoria Kent significaban algo (no todo, no nada, sólo algo), sino por que para él las palabras aún significaban más que nada.

Cuando el discurso que elaboran los dirigentes del PP desea alcanzar el estatus de inatacable, por cerrar todo los puntos a cualquier conato de revisión –o lo que es lo mismo: negociación, pues ésta sólo puede existir en tanto que sabemos y aceptamos que nuestras palabras sólo significan algo y no todo–, lo único que consiguen construir es la ficción de una potencia que, pues ha explotado ya toda su capacidad discursiva, ya no tiene margen para desarrollarse. Y puesto que su ficción ya lo ha dicho todo, y nada queda por ser dicho, las únicas palabras que en el discurso de esa ficción podremos articular a partir de ese momento significarán nada.

Como nada significa el discurso de los cabecillas de ETA, avanzado y aventado por Otegui. Cuando en una palabra caben todos los significados (como en lo permanente, que cabe la permanencia y la inconstancia; como en el alto el fuego, que cabe la solución y la no solución de su continuidad; como en la negociación, que cabe el decirse poseedor de tan sólo algo y de todo), esta palabra de sentido único, pues sólo un sentido nos permiten otorgarle: aquél que el amo del discurso cual tahúr nos presenta y nos escamotea a su libre criterio, nada nos deja para hablar, y ése es su significado último: nada.

Para que exista la posibilidad de que “un recluso joven, fuerte y decidido... [tome] el arma que llevaba en el bolsillo... [y la tire] al extremo del patio”, tiene que haber, ante todo y antes que nada, un político que sepa que las palabras valen algo, pero sólo algo, no nada y no todo. Y después lo otro -incrementar la probabilidad del fin de la violencia- no nos vendrá dado mecánicamente, pero habremos facilitado su posibilidad.

15/01/07

08 enero 2007

Del respeto (T-4, II)

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¿Puede uno con su opinión respetar algo que está más allá de su alcance? En todo caso, lo hará de boquilla y como un brindis al sol (se dice así ¿verdad?). Es decir, da igual que digamos A o B, ese algo se mantendrá inasequible a nuestra opinión. Algo así como la raposa y las uvas, digo yo.

Abundemos ¿Puede uno con su opinión no respetar algo que está más allá de su alcance? Tampoco, pues, mutatis mutandis, da igual que digamos A o no A, ese algo seguirá obstinado en mantenerse inasequible a nuestra opinión.

Así pues, al Sol con mis opiniones ni lo puedo respetar ni puedo dejar de respetarlo. Ni a la Tierra.

¡Oh! ¡Ah! (se dejan oír los gritos enfurecidos de cuatro ecólogos de salón ilustrado) ¡Uh! ¡A él, a él! (arrecian y se desgañitan los seguidores de Gaia).

Incidamos aún más y en asuntos más cercanos. Patria, Religión, Ideología (cada uno que ponga su concreción, algo así como –y que nadie entienda que son necesariamente mis concreciones, pues no tienen por que serlo– España, Cristianismo, Liberalismo) no son respetables. (¡Por favor, por favor! Que no se enfurezcan los de aquella fila; por lo menos no hasta que acabe de exponer esta idea...) No quiero decir que se deban no respetar, sino que no cabe plantearse su respetabilidad: están más allá del alcance de nuestras opiniones.

Cerremos aún más el círculo. Los pensamientos del otro (incluso de un aristotélico sí mismo como otro) ¿merecen respeto? Si aplicamos lo dicho en los dos primeros punto y aparte, diremos que no, en tanto estén fuera de mi alcance. Cosa ésta, estar fuera del alcance de uno, que no ocurre en las relaciones asimétricas, donde los pensamientos de una parte, típico ejemplo: los de los padres o los adultos, alcanzan de manera muy directa, de hecho invaden y colonizan (1), a los de la otra, hijos o menores (como también, y en esta sociedad, hombre sobre mujer, tirano sobre súbdito, maestro sobre alumno...), Así que los pensamiento de otro igual que yo no tienen derecho a la respetabilidad: ni los de yo como otro.

¡Infame! ¡Sacrílego! ¡El respeto es la base de la sociedad! ¡Exigimos el respeto por nuestros mayores! ¡El respeto por las plantas y los animales es el único camino para un progreso automantenible! ¡Sólo el respeto mutuo permite la convivencia! (Vaya, he logrado poner a todos en contra: políticos, religiosos, sociólogos, humanistas, ecólogos...)

No nos desesperemos y atendamos a dos hechos. Primero, hasta ahora tan sólo he hablado de opiniones: mis opiniones contra algo cuya existencia está más allá de su área de impacto. Segundo, con la excepción del Sol y de la Tierra (2), aquel algo al que me he referido han sido conceptos (patria, religión o ideología) o ideas (pensamientos del otro, o de yo mismo como otro), cuya inmaterialidad (del significado, no del significante) les ubica en una intangibilidad más allá de cualquier intento de manoseo.

La opinión, aunque no suficiente, es previa y necesaria, en tanto que juicio de valor, para iniciar cualquier argumentación.

La falta de respeto inherente a una opinión con respecto a algo –que no el relativismo en la comparación entre opiniones– está en la base de cualquier argumentación. Es necesario que yo respete a quien tiene ideas pero no, y esto debe darse a la vez, a sus ideas, y esto es necesario para que pueda haber una opción de diálogo, un espacio para la dialéctica (aunque no la de Hegel: no hablamos de un dialéctica obligatoriamente sintetizadora). De esta falta de respeto por la ideas, los pensamientos, los conceptos, las metáforas, lo inmaterial, lo intangible...de esta falta de respeto por los significados nadie puede deducir falta de respeto por los significantes (seres y obras), la destrucción de los significantes del otro sólo demuestra la mera falta de argumentos sólidos (significados intangibles) que una parte puede oponer a la otra, yo al otro (a veces, a mí mismo como otro, lo que puede significar caer en un peligroso proceso autoinmune).

El diálogo y la dialéctica sólo pueden existir en un entorno de amigable falta de respeto. Sólo allí donde las leyes hayan preparado un espacio en el que nuestra integridad física (no tememos ser heridos) y psíquica (no tememos ser tratados como menores) nos permita ser el otro para otros –y para sí mismo–, sólo en ese espacio la necesaria falta de respeto por las ideas nunca será confundida con la argumentación falaz ad hominem, y que campe a sus anchas esa falta de respeto permitirá acercarnos al otro (y a uno mismo como otro).

No me preocupa el qué dirán (o sea, no me preocupan las opiniones poco respetuosas para con mis pensamientos), sí me preocupa, en cambio, qué pueden hacer terceros con lo que aquellos hayan dicho ¿Somos tan menores de edad que me tienen que proteger de las falsedades históricas que puedan pregonar unos incompetentes? ¿Somos tan menores de edad que me tienen que indicar, ley mediante, qué mitos son aceptables y cuáles no? La responsabilidad de lo que terceros hagan en base a lo que otros digan es, qué duda cabe, exclusivamente de estos terceros, con la única excepción mencionada de las relaciones asimétricas. Si el Estado ha de hacer algo al respecto, es enseñarme a ser adulto, no mantenerme en una eterna adolescencia.

¿Y qué tiene todo esto que ver con ETA? Tiene que ver mucho, pero mucho, mucho. Con ETA, con Batasuna, con Ibarretxe, con Madrazo... Hasta con Rajoy y con Carod Rovira tiene que ver: todos ellos adultos y sin barreras que les limiten su capacidad de serlo. Todos ellos grandes respetadotes de los significados (Patria, Nación, Bandera, Himnos...) y grandes ninguneadores de los significantes (los hay que, como ETA-Batasuna, hasta asesinan...)



(1) Con todo el poco respeto que me merece en general la música pop, especialmente la de la Europa Continental, intento autolimitar la expresión de mis apreciaciones negativas, especialmente cuando mi hija esta oyendo sus canciones pop preferidas, a aquellos momentos en que es lógico argumentar la banalidad de dicha música: es mi decisión respetar a la persona, no a las ideas. A veces fallo y le increpo lo aburrida que es la música que esta oyendo: ¡es así!
(2) A pesar de todo, el Sol como la Tierra, como Europa, España, Catalunya, Barcelona, Gràcia... no son sino metáforas incorpóreas, a las que no se les puede alcanzar, excepto de forma metafórica.

08/01/07

02 enero 2007

T-4

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Que nadie se lleve a engaño por lo que lea a partir del punto y aparte, pues los únicos criminales responsables que reconozco son los que han cometido, una vez más, un atentado asesino, y que ha podido serlo más: recuerden Hipercor. Una vez aclarado esto, vamos a por los distintos actores políticos.

Mariano Rajoy, por el PP, debe saber la enorme, cuando no prácticamente solitaria, responsabilidad que tiene en la más que posible consecuencia del atentado de la T4: la vuelta a los tiempos de plomo y sangre. Su exigencia de obviedades –eso sí: desde la barrera y con puro– y su voluntaria no participación en las responsabilidades del proceso ha atado de pies y manos a José Luis Rodríguez Zapatero: si la necesaria fiscalidad, pues tenía el derecho y el deber de llevarla a cabo, la hubiera efectuado desde dentro del proceso, tal vez éste habría tenido alguna oportunidad. Pero no: era más rentable buscar volver al poder por encima del dolor. Y lo malo es que seguramente lo conseguirá, y lo conseguirá gracias a los miedos del gobierno.

José Luis Rodríguez Zapatero, por el PSOE, es el siguiente de la lista. Si se ha encontrado atado de pies y manos, ha sido por que ha caído bajo el síndrome de "la princesa, el visir y la carta": sólo si la princesa renuncia a ser princesa, la carta, en poder del visir, dejará de ser efectiva. Pero la princesa, José Luis Rodríguez Zapatero, ha preferido seguir siendo princesa –presidente–. Y ése ha sido su error y las consecuencias que de ello se deriven también son de su responsabilidad. Si hubiera renunciado a que su carrera política quedara inmaculada y la hubiera puesto en manos de la gente, muy posiblemente le hubiera pasado como a Pascual Maragall: conseguir el objetivo y pagar con su vida política por ello. Pero para eso hay que ser un estadista de la talla de Pascual Maragall, que antepone la Política a su política, y José Luis Rodríguez Zapatero no tiene esa madera, para qué nos vamos a engañar.

Estas dos personas, Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero tienen que explicarse y explicarnos un por qué, y no es por qué los asesinos de ETA han vuelto a atentar: son criminales y su lógica no es nuestra lógica. El por qué que deben contestar tiene que ver con la moral –sus compromisos– y con la ética –sus responsabilidades– que deberían haber tenido para con la sociedad: ¿por qué no las han tenido?

Del resto de actores, casi no vale la pena hablar, pues son poco más que un cero a la izquierda, pero si vale la pena desenmascarar dos actuaciones. Arnaldo Otegui, por Batasuna, no ha tenido ningún complejo en compadecerse de las víctimas ¡Válgame el cielo, qué buen samaritano! y aseverar su "ya lo decía yo que esto acabaría por pasar". Y lo que ha pasado sin solución de continuidad es de ser líder político en Anoeta a una rotunda nada, y tan sólo en un atentado: ¡todo un récord!. Begoña Erratzi, por EA, ha vuelto al clásico de las nueces: ya que los chicos han sacudido al nogal, a ver si podemos recoger las nueces de la mesa política.

A todo esto, ni nos rasguemos las vestiduras, ni cejemos en la necesaria búsqueda por la paz: señores del Gobierno, de la Principal Oposición y del resto de partidos políticos, no olviden plantearse qué representa lo ocurrido ¿una nueva estrategia, una vuelta de tuerca previsible o tan sólo un pequeño –pero muy pequeño– "Omagh"?.

01/01/07