29 enero 2008

Sayed Parwez Kambakhsh

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Sayed Parwez Kambakhsh
(Sayed Perwiz Kambakhsh)
Afganistán
(de la web de Reporteros Sin Fronteras)




Sayed Perwiz Kambakhsh (Sayed Parwez Kambakhsh) fue detenido el 27 de octubre de 2007, por “blasfemia y difusión de manifestaciones difamatorias en contra del Islam”, en la región de Balkh (Norte). Por las repetidas presiones del Consejo de los Mollahs, y de las autoridades locales, el joven periodista de 23 años fue condenado a la pena de muerte el 22 de enero de 2008, como resultado de un juicio a puerta cerrada y sin abogado, en la sala primera de un tribunal de Mazar-i-Charif.

Sayed Perwiz Kambakhsh (Sayed Parwez Kambakhsh) es estudiante de periodismo en la Universidad de Balkh y reportero del periódico Jahan-e-Naw (“El Nuevo Mundo”). Inculpado de haber “servido de vehículo a manifestaciones difamatorias”, había tomado de un sitio de Internet iraní algunos artículos que reproducían las suras del Corán relativas a las mujeres; un controvertido documento del que se ha demostrado que no es el autor . El presidente de la Asociación de Periodistas Independientes de Afganistán (AIJA), Rahimullah Samandar, asegura que el encarcelamiento y la condena del joven reportero están relacionados con “unos artículos críticos” escritos por su hermano, el también periodista Sayed Yaqub Ibrahimi, sobre las autoridades de la región de Balkh. El hermano ha denunciado que se trata de una sentencia “injusta”, y pide el apoyo de la comunidad internacional, para salvarle.

Aquí encontraréis la siguiente carta para ser firmada:

"Señor Embajador de Afganistán,

Me permito llamar su atención sobre el caso de Sayed Perwiz Kambakhsh, detenido el 27 de octubre de 2007 y condenado a muerte el 22 de enero de 2008. Por lo que sabemos, ese estudiante y periodista no ha hecho otra cosa que consultar y poseer un documento, procedente de Internet, en conformidad con la libertad de expresión gaantizada por la Constitución afgana.

Por otra parte, y violando los principios de esa misma Constitución, al joven reportero le han juzgado sin que se encontrara en condiciones de defenderse jurídicamente. Ante la urgencia de la situación le pido que intervenga con su gobierno, a fin de conseguir que se anule la condena a muerte, se dejen sin efecto todos los cargos que pesan sobre él y le pongan en libertad.

Le ruego, Señor Embajador, acepte la expresión de mi mayor consideración."


Desde aquí solicito a todo el mundo la firma y remisión del anterior escrito.


(29/01/08)

24 enero 2008

Donde no hay harina…

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Señoras y señores ciudadanos todos: seguramente ya saben como acaba el refrán: “ …todo es mohína” (adjetivo sustantivizado, que en este dicho, en castellano clásico, significa tanto tristeza como disgusto).


Llámesele a los impuestos directos y progresivos harina y poco más habrá que añadir para entender los mohines de esta entera España. Pero aunque de aquí se pueda inferir que igualo a Solbes con Rato (bien cierto es que los dos quieren recortarle la harina al pan de la ciudadanía), nada más lejos de mí que igualar los patéticos intentos del PSOE (con su –nuestro– Presidente a la cabeza) de mal repartir la poca hacienda de que dispone la ciudadanía con la demagogia del PP (con un Rajoy bien secundado por propios y similares: Juan Cotino y Antonio Clemente –Valencia–, Paulino Rivero –Canarias–, Arenas –Andalucía–) ni con la ‘frivolidad’ de ERC o el victimismo de nadar entre dos aguas de CIU.


¿Dará IU-IC un paso más y asumirá un mayor nivel de crítica, desplazando ésta de la censura del superávit –censura necesaria, pero insuficiente– a la censura base de la falta de una real política de redistribución basada en impuestos progresistas?


Remedando a Clinton, podemos decir: ¡son los excedentes, estúpido! lo que debemos controlar.


(16/08/07)

Donde no hay harina…

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Señoras y señores ciudadanos todos: seguramente ya saben como acaba el refrán: “ …todo es mohína” (adjetivo sustantivizado, que en este dicho, en castellano clásico, significa tanto tristeza como disgusto).

Llámesele a los impuestos directos y progresivos harina y poco más habrá que añadir para entender los mohines de esta entera España. Pero aunque de aquí se pueda inferir que igualo a Solbes con Rato (bien cierto es que los dos quieren recortarle la harina al pan de la ciudadanía), nada más lejos de mí que igualar los patéticos intentos del PSOE (con su –nuestro– Presidente a la cabeza) de mal repartir la poca hacienda de que dispone la ciudadanía con la demagogia del PP (con un Rajoy bien secundado por propios y similares: Juan Cotino y Antonio Clemente –Valencia–, Paulino Rivero –Canarias–, Arenas –Andalucía–) ni con la ‘frivolidad’ de ERC o el victimismo de nadar entre dos aguas de CIU.

¿Dará IU-IC un paso más y asumirá un mayor nivel de crítica, desplazando ésta de la censura del superávit –censura necesaria, pero insuficiente– a la censura base de la falta de una real política de redistribución basada en impuestos progresistas?

Remedando a Clinton, podemos decir: ¡son los excedentes, estúpido! lo que debemos controlar.

(16/08/07)

13 enero 2008

Seguridad y libertad (QUIS QUSTODIET IPSOS CUSTODES ?)

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(A propósito de Hu Jia y Zeng Jinyan, cuya libertad, como la del resto de disidentes y presos de conciencia en China, debería ser condición sine qua non para la celebración de los JJ.OO. de Pekin’08)

Las elecciones generales españolas ya están a la vuelta de la esquina. Oiremos hablar de la dialéctica seguridad vs libertad, y de cómo deberemos renunciar a una (la libertad individual) para mejorar la otra (la seguridad civil) o de cómo deberemos renunciar a la otra (la seguridad económica) para mejorar en la una (la libertad de poder elegir). Antes de que los diferentes partidos avancen en este debate, y para evitar malentendidos, es necesario hacer aflorar la contradicción que, dentro de los conceptos de libertad y seguridad, se esconde en el momento de hablar de cambios institucionales. Hipótesis: el incremento de seguridad de los detentores del poder (económico, social, jurídico o político –o de todo a la vez, véase como ejemplo China) se convierte siempre en un decremento de la libertad de las personas incluidas en sus instituciones (económicas, sociales, jurídicas o políticas); el incremento de la libertad de los detentores del poder se hace a expensas del decremento de la seguridad de las personas incluidas en sus instituciones. Y si esta hipótesis acierta a explicar algo mejor la realidad, les pediré que la eleven al rango de tesis.

Esta relación inversa –que falazmente muchos la esconden bajo una relación libertad/seguridad abstracta, como si todo el mundo estuviera afectado por igual– es más obvia y más sustantiva en la medida en que más autoritario y totalitario sea un sistema (social, político-jurídico o económico), y marca categóricamente el grado de desigualdad existente dentro de un sistema: la existencia de una gran diferencia en libertad y seguridad entre las clases más débiles (o menos pudientes) y las poderosas, sintomático de los estados –o de ciertas zonas de ellos– institucionalmente débiles (y de ello, de su debilidad, nace la necesidad de imponerse mediante el uso de una violencia ilegítima), alimentará inevitablemente la corruptela, ya sea esta generalizada, ya esté circunscrita a algún espacio institucional concreto.

Y para ejemplo indígena, valga este botón: la corrupción del ladrillo. Que no nos engañen con la falaz dialéctica seguridad vs libertad, pues perderemos ambas: la libertad y la seguridad.

(13/01/08)

04 enero 2008

La espiritualidad y la filosofía

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XXX, amigo y compañero de trabajo desde hace más de quince años, me ha pedido que escriba algo sobre la espiritualidad. Él, obviamente, no dijo algo, soy yo quien pone expresamente la palabra algo.

Si nos quedamos con los clásicos (de Platón a Kant), y sin ánimo de establecer verdades ad verecundiam, encontrare­mos más quebraderos de cabeza que ecuaciones resolutorias finales. Si hablamos con los contemporáneos (desde Hegel a Habermas), veremos que a medida que el pensamiento se hace coetáneo, aquello que es la espiritualidad todavía se hace más irreducible a su especificación. Ni los fenomenológi­cos (Merleau-Ponty), ni los existencialistas (Sartre), ni los estructuralistas (Levy-Strauss), como tampoco los post­moder­nos (Derrida), han podido con la temible cuarta pregunta de Kant: ¿qué es el hombre?

Temible y terrible. Kant supo contestar a qué puedo saber (la razón pura o científica), qué puedo hacer (la razón práctica o moral) y qué puedo esperar (la razón metafísica o teodicea); y dijo, a pesar de ello, que todo este saber se resumía (se debería resumir) en la cuarta pregunta -a la que él, o la filosofía, nunca podrían acabar de responder-, que no es sino qué es aquello que hace que el hombre sea (pueda llegar a ser) ser humano: su aquello es nuestro algo.

Si no somos máquinas ni tampoco somos seres con alma de alambre -cual títeres sometidos a la heteronomía dictada por los dioses o de la ciencia- ¿qué es aquello que nos diferencia de la más poderosa de las máquinas, del más sutil de los títeres? Aquello es algo.

Platón alcanzó a ver algo en el mundo de las ideas: el ser humano era el único que podía atrapar la esencia de las cosas, su ειδος, y verbalizar esta esencia dándole nombre. No es suficiente. Somos algo más.

Leibnitz alcanzó a ver algo en el mundo de las posibilidades: el ser humano era el único que podía hacer composible uno de los mundos posibles: Bruto podía asesinar a César... o no, era su decisión. No es suficiente. Somos algo más.

Sartre alcanzó a ver algo en el mundo de las contingencias: el ser humano era el único que estaba condenado a ser libre. No es suficiente. Somos algo más.

Cioran alcanzó a ver algo en el mundo de la conciencia: “No me perdono el haber nacido. Es como si, al insinuarme en este mundo, hubiese profanado un misterio [...] Pero a veces soy menos tajante: nacer me parece una calamidad que, de no haberla conocido, haría de mi alguien inconsolable”. No es suficiente. Somos algo más...

La letanía “Somos algo más” podría ser eterna. Pero es este algo más que cualquier cosa que deberíamos seguir diciendo la única y verosímil base de la espiritualidad.

Cuando Wittgenstein se enfrentó a la raíz de su filosofía -los límites del lenguaje-, enmudeció: “De lo que no podemos hablar, mejor es callarse”. Lo mismo nos pasa con la espiritualidad. La podemos aprehender de forma orgánica (sobre todo a través del arte -y dentro de éste, el pictórico-, como si de un adorniano ensayo -un tembloroso intento de mimarla- sin fin se tratara), pero nunca de forma analítica, clara y distinta: ni la podemos verbalizar, ni es posible su acontecimiento hasta que ya es, ni la libertad la enmarca, ni la razón le da conciencia de sí...

Para hablar de la espiritualidad deberemos abandonar el Novum Organum de Francis Bacon, aquel que basa el conocimiento en analizar i discernir (la cartesiana clara et distinctia perceptio), para volver al Organon de Aristóteles, aquél que basa el conocimiento en la búsqueda de la analogía i la similitud.

La espiritualidad es algo que sé que tengo (sobre lo que sé a qué atenerme, tomando prestadas las palabras de Rafael Sánchez Ferlosio), pero que no sé -y ni puedo y ni quiero saber- qué es.

(03/01/08)