03 septiembre 2006

La belleza

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La belleza. Debo, ante todo, recordar la diferenciación que realiza Rafael Sánchez Ferlosio (éste, señores, éste si que es digno de ser mitificable) entre saber qué es algo y saber, sobre ese algo, a qué atenerse.

Ante la belleza yo sé a que atenerme, pero no sé que es. Me explicaré. La belleza se distingue de la hermosura en aquel punto de independencia y rabia de la que esta última adolece. Ustedes seguramente habrán visto un animal vivo, pongamos un lobo, y ese mismo animal disecado. Si bien formalmente son iguales, incluso en fotografia distinguimos la pequeña pero insalvable diferencia entre lo que nos es dado y lo que se guarda algo más alla de nuestra capacidad de dominar, de entender.

La belleza, así pues, es (y dejadme decirlo: tengo síndrome, tantos y tantos posts y sólo he utilizado una vez este palabro) es, como decía, irreductible.

Si intentamos reducir sus componentes a particiones y estudiamos las relaciones entre ellos, si deconstruimos sus significados y los obligamos a dejar de ser ambivalentes y polisémicos, si lo conseguimos, lo que obtendremos será algo hermoso, pero domesticado: ya no bello.

Que todo lo bello acabará siendo hermoso, no nos quepa la menor duda: es su destino obvio, por lo que es trivial decirlo.

¿Todo? ¡no! Como la pequeña aldea de Obelix, sólo aquello intrínsecamente bello permanecerá con algún punto irreductible, y su belleza, independiente incluso del propio creador, se mantendrá más allá de cualquier razón.

Dejadme que hable de una cuadro: “La silla de Van Gogh” (National Museum, Londres) de Van Gogh. Tuve la impertinencia de intentar racionalizarlo... Y sí, vi la exquisita técnica de los diferentes puntos de fuga del suelo, el juego que hace al evitar que las paredes tengan referencias espaciales, cómo se esconde humildemente en la caja de cebollas... Y ahora esa racionalización me hace recordar más las líneas de fuga que la indudable magia que el cuadro tiene ¡y lo siento por mí!

Ahora sé que se a qué atenerme con respecto a qué y como siento la belleza, pero ni sé qué siento ante la belleza ni qué es la belleza ni se a qué atenerme ante la belleza. Resultado: la belleza me golea por 3 a 1. Y eso me gusta.

26/08/06

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