20 mayo 2017

¿Un amigo de la RBU?

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Marc Vidal es inversor tecnológico, consultor en transformación y estrategia digital, analista en Nueva Economía, profesor en escuelas de negocio, colaborador en diversos mediosescritor y un solicitado conferenciante internacional.

Con amigos de la RBU como éste señor ¿Quién quiere enemigos?

1) “Nadie paga durante su vida laboral una cantidad que se guarda en algún lugar a fin de que en el futuro se le compense con ello.” Cierto.
Lo que pagas en ese concepto no es para ti, se destina a quienes en ese momento está jubilado y cuando tu lo estés dependerás de los que trabajen en ese momento.” Falso por confundir el qué (derecho) con el cómo (herramienta).
Hay que distinguir entre el qué y el cómo. El qué: lo que se cobra por jubilación es la forma como la sociedad retribuye a una parte de la misma porque se considera que tienen el derecho (o el deber, no entraremos a discutir, sólo a decir que de forma muy mayoritaria se entiende como derecho) a vivir con cierta dignidad sin trabajar. O sea: a consumir parte de lo que el resto de la sociedad produce.
El cómo: a los jubilados se les da una renta para que, disponiendo de ella, consuman esa parte del PIB producido por la sociedad.
Este “cómo” es, a su vez, un “qué” (¿qué se les da a los jubilados? una renta dineraria ¿cómo se les da?). Ahora y aquí el “cómo” es éste: se detrae una cantidad del salario (detracción llamada cotización) y con ella se abonan las pensiones.
Conclusiones: Es el “cómo” y no el “qué” lo que hace que parezca (reitero y hago hincapié en “parezca“) que las pensiones dependen “de los que trabajen en cada momento”. Y es esa confusión (a todas luces criminalmente deliberada, y en los que no es deliberada -y esto va por muchos sectores de la izquierda y del sindicalismo- aún es peor: es meterse un gol en propia portería) la que lleva a tantos a clamar que las pensiones están en peligro porque cada vez se necesita menos trabajo asalariado o esté cobra menos y de forma más precaria. Falso. Si pensamos en el “qué” son las pensiones (el derecho por parte de un sector de la sociedad a consumir parte del PIB producido por la sociedad), veremos que no dependen ni del número de trabajadores asalariados ni de sus rentas, sino que, dicho sea con todas las cautelas necesarias, depende del PIB.
Dado que es posible pensar que las cotizaciones, que forman parte de la masa salarial, se conviertan en impuestos y, en consonancia, las jubilaciones (y otros servicios dependientes de las cotizaciones) se nutran de los presupuestos generales, lo incierto de la afirmación de Marc Vidal, así como la criminal confusión de los que gritan que las pensiones son insostenibles, queda patente: confunden interesadamente el qué (derecho) con el cómo (herramienta). Si una herramienta no sirve, la solución no es quitar el derecho, es cambiar la herramienta.
El cambio, de hecho, se está empezando a plantear: aunque el PP lo ha descartado, ya se ha puesto encima de la mesa sacar las pensiones de viudedad del sistema contributivo de la Seguridad Social. El enfoque, con todo, puede ser peligroso si profundizar en ese cambio significa que a medio plazo se pierda masa salarial.
Pero el propio autor cae en contradicción, posiblemente de forma inconsciente y a su pesar, cuando más adelante dice que “Eso [la pensión por jubilación a cargo de los presupuestos generales, a la práctica, una especie de renta mínima] debería de ser la lógica de un mundo que logrará producir lo mismo o más sin la necesidad de tanto trabajador.
Resumiendo: miedo nos debería provocar, o cuanto menos una mirada crítica y escéptica, el discurso de quien basa exclusivamente en las rentas del trabajo, y no el excedente producido, la capacidad de una política fiscal que nos empodere ante los peligros de, según sus propias palabras, “la competencia contra lo robótico, [donde] los humanos tenemos todas las de perder.” (http://cronicaglobal.elespanol.com/ecoonomia/opinion-ecoonomia/la-renta-minima-universal-no-es-ni-de-derechas-ni-de_64166_102.html)
2) “No se puede plantear un incremento de impuestos como única solución a esa prestación. Es suicida. Es compatible la reducción de impuestos y el incremento de ingresos. Eso ya ha sucedido en decenas de casos alrededor del mundo.
Pongamos lo anterior en contexto de otras afirmaciones del sr. Vidal:
Ya lo decía la maldita curva de Laffer […] Bajar impuestos no es pecado. Es una opción legítima. […] Hablo desde la observación de alguien que paga impuestos en varios países y que tiene claro que darse cuenta tarde de los perjudiciales efectos de políticas de tributación alta generan, pero también de lo beneficioso que es para estimular cambios económicos la reducción de esa presión fiscal. Es preciso y urgente actuar en ese sentido o se agotará la posible herramienta que nos conecta con el futuro. Si seguimos exprimiendo esa naranja no va a dar ni gota en breve, justo ahora que empezábamos a tener claro de que va todo esto.” (https://www.marcvidal.net/blog/2013/12/bajar-impuestos-crear-empresas.html)
Cada vez hay más pobres con trabajo. Esa tendencia no se reduce ni tiene pinta de que se vaya a reducir. Las informaciones que llegan del futuro son que estamos abocados a un mundo sin empleo, o mejor dicho, a un empleo distinto a tal y como lo conocemos ahora. Los salarios son miserables y eso no va a cambiar.
¿Reagan? ¿Thatcher? ¿Trump? ¿Zapatero y su “bajar los impuestos es de izquierdas” (http://elpais.com/diario/2003/05/16/portada/1053036106_850215.html)?
Más miedo, o por lo menos, más escepticismo y mirada crítica, ante el discurso del sr. Vidal.
3)”…dependiendo de cómo se llegue a ella y de cómo se plantee en el proceso de hacerla sostenible en la próxima década, [la RBU] puede convertirse en una garantía de bienestar en un mundo cada vez menos laboral y más automatizado o, por el contrario, puede devenir una especie de jaula de voluntades y libertades. Seguramente, en el como se genere y estructure su fabricación, ahí estará la diferencia entre una Renta Mínina de derechas o de izquierdas.
El orden de la frases no parece ni casual ni insignificante: la derecha garantiza el bienestar, mientras que la izquierda provoca encarcela la libertad.
Más contexto. El sr Vidal confunde la RBU (que llama “Salario Mínimo Universal“, con el peligro semántico que conlleva relacionar “salario” con “trabajo”, máxime con el adjetivo “mínimo”) con la privatización de servicios propuesta por Milton Friedman en base a devolver dinero a los contribuyentes (sólo a los contribuyentes): “La cuestión es que el Salario Mínimo Universal responde a una terminología pero deriva de un concepto existente. En 1962 un liberal (¡si un liberal!) propuso el ‘impuesto negativo sobre la renta’ que otorgaba una subvención a los contribuyentes que no llegaran al mínimo exigible.
Y se reafirma con lo de una RBU “buena” de derechas y una “mala” de izquierdas: “Va a suceder y cuando suceda deberemos haber establecido nuevas reglas. Un salario mínimo universal como modelo empresarial independiente para evolucionar. Un salario mínimo universal genera dependencia del Estado para evitar catástrofes. Como ves, derecha e izquierda tienen un escenario de encuentro por dos razones distintas.” (http://cronicaglobal.elespanol.com/ecoonomia/opinion-ecoonomia/la-renta-minima-universal-no-es-ni-de-derechas-ni-de_64166_102.html)
Ya está todo dicho: una RBU/SMU que promueva los autónomos (falsos) y emprendedores (desclasados y desregulados), sí; una RBU/SMU que empodere a la ciudadanía ante el capital, va a ser que no, que eso es una jaula de voluntades dependientes.
Lo dicho, con amigos como éste ¿quién necesita enemigos?





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