16 septiembre 2006

Enseñanza y ciudadanía

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"Los fracasos del ('ideal del hombre racional... absolutamente liberado... de las pasiones' pag. 106) son los que han dado lugar [...] a la enorme decepción acerca de los 'programas educativos' [...] No sin motivo [...] por sus devastadores efectos secundarios [que] destruyen de facto el sano entendimiento o el sentido común [...] y sustituyen [la memoria de sus virtudes] por una obra mecánica, sin capacidad alguna de juicio [, quedando la población] por ello sometida a un régimen insoportable de sufrimiento y minoría de edad (pues menores de edad son quienes aún no disponen de sentido común ni sin capaces de juicio), luego los ingenieros [denostan a] las masas, como si las 'masas' fueran la causa del fracaso de sus programas educativos y no lo que son en realidad, es decir, el efecto de su más perfecto y total éxito" La regla del juego pag. 107-108, de José Luis Pardo, Premio Nacional de Ensayo (Ministerio de Cultura) en 2005 por "La regla del juego".

Seguidamente el autor argumenta como ni la desmasificación ni el mayor perfeccionamiento técnico de la enseñanza son la solución, pues el planteamiento del problema falla en su raíz: no es demasiados alumnos, ni demasiada poca capacidad técnica del sistema los motivos del fracaso escolar, en tanto que fracaso en el objetivo de crear ciudadanos –pues de eso estamos hablando: de ciudadanos y no de autómatas.

El motivo base radica en haber olvidado que la enseñanza, que es tanto educar como instruir, y que ya sólo instruye (las reglas explícitas del juego) pero no educa (las reglas implícitas del juego), ha de ser transmitida en parte –tal vez en su parte más importante: la que educa– a través del ejemplo, del uso, de la práctica del juego efectivamente realizado, para que después la ciudadanía sea aquello "que después nos sale del alma [...] o de la memoria, [pues] ha sido antes sembrado como una vocación secreta" (ibid, pag 75).

Ahí, en ese profundo antes sembrado, que no puede ser razonado ni argumentado, sino sólo ejemplificado y ejemplarizado, radica la vía para la salir de la esclavitud de la pedagogía sofista.

Propongo, sin cautelas ni disculpas, que el libro por el cual J.L. Pardo recibió el Premio Nacional de Ensayo sea de necesario estudio curricular para todos los enseñantes –ya formalizados o aún en vías–, para que sea el inicio de un futuro en que lo puedan transmitir a todos sus enseñados.

16/09/06

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