13 junio 2006

De la etimología

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Hoy no nos sorprenden frases como “Yo no he hecho nada”, o “Nadie dijo lo contrario”.

A todos los efectos entendemos esas frases, aunque parezcan, de entrada, inconsistentes en sí.

Yo no he hecho nada” ¿doble negación? ¿se puede hacer nada? ¿se puede no hacer nada? ¿es algo la nada?

Pues no, sí, sí y sí.

Nadie dijo lo contrario” ¿otra doble negación –“Nadie no dijo lo mismo”? ¿puede hablar nadie? ¿puede nadie contrariar? ¿es alguien ese nadie?

Pues no, sí, sí y sí.

Etimológicamente, nadie y nada vienen de la raíz “gen” (de sustrato último indoeuropeo). El latín, a través de la derivación gna–sko, que venía de la raíz griega “genos” γενος, que significaba origen, y que dio lugar a nãscor, crea las palabras nati (nacido) y natam (referido a, en cuestión de, algo creado)

rem natam non fecit”, significa: “no hizo la cosa en cuestión”, pero nos llega como “no hizo nada” (en catalán: “no va fer res”, de donde se pude colegir que tal vez [rem] haya devenido en [res]), lo que, efectivamente, y volviendo a las preguntas anteriores, no se trata de una doble negación, sí puedo hacer nada (res natam --> cosa referida), sí puedo no hacer nada y nada sí es algo

Homines nati non fecerunt”, significa “hombres nacidos no lo hicieron”, pero nos llega como “nadie [no] lo hizo”, haciendo elipsis de [no], que debía sonar fuertemente extraño al asociarlo como negación a la palabra nadie, la cual ya goza de excelente salud una vez se ha desprendido de su carga natalicia y arrostra su nueva carga negadora. Podemos ver, pues, que también nos es dado contestar que no se trata de una doble negación, nadie sí puede hablar (Homines nati --> hombres nacidos), nadie sí puede contrariar y nadie sí es alguien.

Todo esto, claro está, etimológicamente hablando.

Por otra parte, no deja de ser curioso lo ocurrido con la palabra común. Común, aún siendo hoy de uso común (perdone el paciente lector este pequeño intento de chiste), tuvo como palabra un nacimiento serio y ceñudo. Hoy vemos que lo que es común, en tanto que es de la comunidad, por ejemplo las calles de nuestras ciudades, el mobiliario urbano, las escuelas públicas, tiene un trato que deja que desear: lo común suele ser maltratado, pues nadie se hace responsable.

Común, que participa de igual raíz etimológica que municipio, munificencia, inmunidad, entre otras, es hoy palabra atropellada: no cabe duda que ser común denota más bien peyorativa vulgaridad que no otra cosa; una cosa común tiene menos valor que una cosa no común; por lo común, todos huimos de lo común...

Pero ¿qué hacer con la frase “tener sentido común”? Es tópico y típico contestar: “Ah! el sentido común, ¡el menos común de los sentidos!”, quién lo afirma cae a la vez, sin duda alguna, en contradicción con lo hasta ahora dicho de la palabra común.

Y ahí radica la clave de la derivación polisémica del significado de común. Etimológicamente hablando, común viene de la unión del sufijo co y de la raíz latina munis, responsabilidad. En un principio, pues, común refería aquello que era corresponsabilidad libremente asumida por un grupo de personas. Lo común era, así, objeto de cuidado por parte de ese grupo.

Tener sentido común era ser conscientes de la responsabilidad compartida y libremente asumida ¿Cómo ha llegado común a desprenderse de esa grave responsabilidad? No sé contestar, pero podríamos avanzar la tesis de que al irse perdiendo entre las personas ese sentido de compartida responsabilidad libremente asumida, la palabra común fue perdiendo, en el mismo azaroso viaje, su significado, y el hueco dejado se fue cargando con el más peyorativo significado de vulgar. Pero un rastro dejó el viejo significado: el sentido común. Y aunque incluso el significado más obvio hoy de sentido común nos lleva a pensar que tal vez estamos hablando de un sentido ampliamente extendido, la realidad es que inconsciente y automáticamente lo aplicamos cuando nos topamos con hechos que contravienen lo que entendemos aceptado y aceptable por todos (por el co-mún de los mortales, por el que se siente co–responsable del buen fin de la sociedad en la que vive): ¡Es de sentido común! ¡Ése no tiene sentido común! ¡Lo que falta es sentido común! Ah! el sentido común, ¡el menos común de los sentidos!... Si común sólo significara vulgar, normal, extendida, poco valorada, maltratada... esas frases no tendrían sentido.

Marzo/2005

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