13 enero 2008

Seguridad y libertad (QUIS QUSTODIET IPSOS CUSTODES ?)

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(A propósito de Hu Jia y Zeng Jinyan, cuya libertad, como la del resto de disidentes y presos de conciencia en China, debería ser condición sine qua non para la celebración de los JJ.OO. de Pekin’08)

Las elecciones generales españolas ya están a la vuelta de la esquina. Oiremos hablar de la dialéctica seguridad vs libertad, y de cómo deberemos renunciar a una (la libertad individual) para mejorar la otra (la seguridad civil) o de cómo deberemos renunciar a la otra (la seguridad económica) para mejorar en la una (la libertad de poder elegir). Antes de que los diferentes partidos avancen en este debate, y para evitar malentendidos, es necesario hacer aflorar la contradicción que, dentro de los conceptos de libertad y seguridad, se esconde en el momento de hablar de cambios institucionales. Hipótesis: el incremento de seguridad de los detentores del poder (económico, social, jurídico o político –o de todo a la vez, véase como ejemplo China) se convierte siempre en un decremento de la libertad de las personas incluidas en sus instituciones (económicas, sociales, jurídicas o políticas); el incremento de la libertad de los detentores del poder se hace a expensas del decremento de la seguridad de las personas incluidas en sus instituciones. Y si esta hipótesis acierta a explicar algo mejor la realidad, les pediré que la eleven al rango de tesis.

Esta relación inversa –que falazmente muchos la esconden bajo una relación libertad/seguridad abstracta, como si todo el mundo estuviera afectado por igual– es más obvia y más sustantiva en la medida en que más autoritario y totalitario sea un sistema (social, político-jurídico o económico), y marca categóricamente el grado de desigualdad existente dentro de un sistema: la existencia de una gran diferencia en libertad y seguridad entre las clases más débiles (o menos pudientes) y las poderosas, sintomático de los estados –o de ciertas zonas de ellos– institucionalmente débiles (y de ello, de su debilidad, nace la necesidad de imponerse mediante el uso de una violencia ilegítima), alimentará inevitablemente la corruptela, ya sea esta generalizada, ya esté circunscrita a algún espacio institucional concreto.

Y para ejemplo indígena, valga este botón: la corrupción del ladrillo. Que no nos engañen con la falaz dialéctica seguridad vs libertad, pues perderemos ambas: la libertad y la seguridad.

(13/01/08)

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