04 diciembre 2006

Yo, Gran Simio, acuso...

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Es difícil decir más en menos ("La causa del hombre", Víctor Gómez Pin, catedrático de la UAB, EL PAIS, 09/10/2006: ver artículo): "[el ser humano], entre otras cosas, tiene la exclusiva de la preocupación general por la naturaleza (especies animales comprendidas) ".

Y aquí se acaba todo. Ni derechos de los Grandes Simios, ni de los pequeños simios, ni de los no simios, ni de nada que no sea el ser humano ¡Pero qué dice usted! ¡Pobres animales! ¡Qué horror!

¿Qué horror? Vayamos por partes.

Primera parte ¿cómo algo puede tener derechos y no poder ejercerlos ni en el presente ni en un previsible futuro? ¿cómo puede ser así y, sin embargo, afirmar que se actúa con ética?

Dejando a un lado, como deja V. Gómez, los humanos y los Derechos Humanos, pues estamos hablando del resto de la Naturaleza, difícilmente alguien puede imaginarse que ni siquiera el más inteligente de los grandes simios pueda asumir su propia defensa, o delegarla razonadamente a su abogado –que no tutor–, ante un juez o un jurado o un hombre de paz. Así que habrá que ir dando la razón a V. Gómez e ir pensado en convertir los Derechos de los Grandes Simios (DGS) en los Deberes Para con los Grandes Simios (DPGS).

Y aunque el 95% de los escrito a favor de los DGS fuera válido, tan sólo el hecho de intitularlo como DPGS favorecería la impregnación general del texto de un sentido distinto: nuestra responsabilidad ética y moral derivada de la necesaria y " exclusiva [...] preocupación general por la naturaleza (especies animales comprendidas)", a la vez que, segunda parte, huiríamos de antropomorfizar a la Naturaleza al asignarle algo que en sí nunca debiera abandonar el ámbito del ser humano: Los Derechos Universales de la Persona (No se queden sólo con esta frase de V. Gómez, el resto del artículo –la enorme mentira de la inteligencia artificial, la falacia mecanicista de cierta genética, el error ético de un excéntrico supra humanismo...– no tiene ni un gramo de grasa: todo es puro músculo).

Tercera y última parte: ¿se imaginan ustedes que tan sólo cumpliéramos con no molestar a la naturaleza, fuera de lo que de ella necesitemos para alimentarnos y protegernos? Tan sólo eso: casi imposible. Y sin embargo no es su derecho, es nuestro deber.

04/12/06

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