En diversos estudios, de los que se ha hecho eco EL PAIS, se afirma que aproximadamente el 15% de la población mundial consume de media 10 veces más que el resto. Así dicho, no parece mucha locura: una relación 1 a 10... ¡podría ser peor! pero es algo contra lo que tenemos que luchar ¡es evidente! Pero veamos qué significa.
Supongamos que la población mundial se compone de 100 partes. Las 15 partes que de media más consumen, consumen cada una 10 unidades, las 85 restantes consumen 1 unidad "per capita", de esto se entiende que:
Consumo total = (15 x 10) + (85 x 1) = 150 + 85 = 235 unidades consumidas.
Hasta aquí, bien ¿verdad?
Prosigamos, pues.
Supongamos que unas correctas, necesarias -por imprescindibles- i adecuadas políticas permiten en un futuro próximo -en el horizonte de dos generaciónes: 50 años- que el consumo de bienes y servicios de los más pobres alcance de media el 25% del consumo medio del 15% más pudientes (relación de 1 a 4).
Este incremento -no lineal- vendría de la mano de un fuerte crecimiento de aquellas sociedades que estan por debajo de los 2 dólares diarios, elevándolas hasta los 10 dólares diarios (3.650 dólares anuales -500.000 pesetas al año, coste de TODOS los servicios: comida, escuela, sanida, cultura...-, que significa pasar de una relación de 1 a 30 a una relación de 1 a 6).
¿De qué situación estamos hablando? Pues por lo que hace al uso de los recursos necesarios, y suponiendo que las nuevas tecnologías estabilizasen el coste del consumo de los más pudientes -lo que ya es suponer- y que su ética impidiera un crecimiento desaforado del consumo -lo que es aún más suponer-, estamos hablando de:
Consumo total = (15 x 10) + (85 x 2,5) = 150 + 212,5 = 362,5 unidades consumidas.
Estaríamos ante un incremento del coste en recursos del 54,25%.
Aún hay más.
Al nivel actual del consumo de recursos, la Tierra deja de reponer el 25% de los recursos consumidos (mismas fuentes, recogidas en el mismo diario), esto es: si consumimos 235 unidades cada año, la tierra "pierde" 59 unidades cada año. Dado que no sabemos exáctamente cuántas unidades tiene la Tierra, no sabemos cuántos años soportará este nivel de consumo. Pero...
Pero si pasamos a consumir 362,5 unidades, la Tierra pasaría a "perder" cada año más de 180 unidades, más de 3 -TRES- veces la que ahora se pierde.
Buen ritmo de adelgazamiento ¿no?
¡Y qué podemos hacer? ¡Y yo qué sé!
Lo que sí sé es que nuestro nivel de vida existe gracias al nivel de vida de esos pobres desgraciados. Gracias al expolio que los imperios occidentales hicieron y siguen -seguimos: no lo olvides- haciendo, y que tenemos los problemas de inmigración que tenemos por que nos los hemos ganado a pulso. Y seguimos ganándonoslo.
Lo que sí sé es que la solución no pasa por negarles el acceso a un mejor nivel de vida... pero no sé, o no me atrevo a pensar, qué significa eso de permitirles el acceso a un mejor nivel de vida: adiós Airbus, adiós líneas de Muy Alta Tensión, adiós autopistas (tanto reales como virtuales: y ¿cómo te seguiré escribiendo? ¡pues con papel y sellos!), adiós a...
Lo que sí sé es que estoy hablando de una població de 6.000 millones de personas... cuando la previsión es que en un par de generaciones (50 años) se alcance entre 7.500 y 9.000 millones de habitantes. Los costes de los consumos crecerán entre un 15% (incremento sólo vegetativo -sin cambio cualitativo de los más pobres- y en la situación de menor número de habitantes) y un 110% (incremento vegetativo de la situación de mayor población más cambio cualitativo de la relación 10 a 1 a la de 4 a 1), lo que quiere decir que la incapacidad de reposición de la Tierra de los recursos consumidos se multiplicaría por hasta 4 -¡CUATRO!. Y todo ellos si los costes de los consumos de los más pudientes -nosotros- no se incrementan...
En fin, que qué te voy a decir que tu ya no sepas.
Muchos besos.
13/11/06
18 noviembre 2006
07 noviembre 2006
La juventud hedonista
El profesor Gil Calvo (ver artículo) realiza un singular y acertado análisis de la hipotecada generación H (H, curiosamente, también es la inicial de la generación de nuestros hijos). Acierta en los motivos directos (escasez y carestía de los arriendos, factores culturales y factores laborales ¿algo así como: mundo, demonio y carne?).
Vuelve a acertar al demostrar el profundo impacto que la imposibilidad de emancipación tiene sobre la socialización del individuo. Muestra las aporías del carro y la zanahoria (¿la misma zanahoria que la de mi queso y los ratones más listos de aquel denostado libro?) pues no hay camino por donde transitar el esfuerzo de arrastrar el carro y alcanzar la zanahoria (¿”dónde está mi queso” es la pregunta oportuna? ¿no es mejor preguntarse dónde está el camino?). Pero yerra en la causa profunda.
No es un supuesto método posmoderno la causa de los males de nuestra sociedad, ni la labilidad de la generación H es su razón, sino su efecto.
La causa última, la razón nada oculta, el poderoso mar de fondo que nos está arrastrando es la total expoliación de aquellos posibles recursos futuros de la generación H, de nuestra juventud. Recursos liquidados en este presente real a través de las hipotecas y abonados en las manos de unos pocos y oligopólicos agentes. Recursos, aquellos, que estos los están utilizando para hacer que ¡España! (¿también los españoles?) con gran eficacia (¿también con gran eficiencia?) sea alguien en el concierto (¿concierto?) económico mundial ¡Qué Dios –o Alá, Buda, Jehová...– nos pille confesados si los temibles tiburones españoles son comidos por los no menos temibles tiburones del proceloso mar internacional!
No han sido, precisamente, nuestros jóvenes los primeros en pecar (ni lo han buscado: no les dejan otra salida que pecar). Quien ha puesto el carro delante del buey (¡pobres jóvenes, con qué les comparamos!), quienes, metáforas aparte, han liquidado hoy (buscando la satisfacción de sus deseos de “el poder”) la producción de mañana, y lo han realizado sin trabajarla (evitando el esfuerzo del desarrollo eficiente de las capacidades de la sociedad: inversión en capital) y a través de la pura especulación, han sido –y son– los grandes gerentes de las grandes corporaciones financiero-inmobiliarias. No puedo estar de acuerdo con el último análisis del profesor Gil Calvo: los jóvenes no son hoy peores de lo que nosotros, los ya adultos, fuimos. Ni mejores.
06/11/06
Vuelve a acertar al demostrar el profundo impacto que la imposibilidad de emancipación tiene sobre la socialización del individuo. Muestra las aporías del carro y la zanahoria (¿la misma zanahoria que la de mi queso y los ratones más listos de aquel denostado libro?) pues no hay camino por donde transitar el esfuerzo de arrastrar el carro y alcanzar la zanahoria (¿”dónde está mi queso” es la pregunta oportuna? ¿no es mejor preguntarse dónde está el camino?). Pero yerra en la causa profunda.
No es un supuesto método posmoderno la causa de los males de nuestra sociedad, ni la labilidad de la generación H es su razón, sino su efecto.
La causa última, la razón nada oculta, el poderoso mar de fondo que nos está arrastrando es la total expoliación de aquellos posibles recursos futuros de la generación H, de nuestra juventud. Recursos liquidados en este presente real a través de las hipotecas y abonados en las manos de unos pocos y oligopólicos agentes. Recursos, aquellos, que estos los están utilizando para hacer que ¡España! (¿también los españoles?) con gran eficacia (¿también con gran eficiencia?) sea alguien en el concierto (¿concierto?) económico mundial ¡Qué Dios –o Alá, Buda, Jehová...– nos pille confesados si los temibles tiburones españoles son comidos por los no menos temibles tiburones del proceloso mar internacional!
No han sido, precisamente, nuestros jóvenes los primeros en pecar (ni lo han buscado: no les dejan otra salida que pecar). Quien ha puesto el carro delante del buey (¡pobres jóvenes, con qué les comparamos!), quienes, metáforas aparte, han liquidado hoy (buscando la satisfacción de sus deseos de “el poder”) la producción de mañana, y lo han realizado sin trabajarla (evitando el esfuerzo del desarrollo eficiente de las capacidades de la sociedad: inversión en capital) y a través de la pura especulación, han sido –y son– los grandes gerentes de las grandes corporaciones financiero-inmobiliarias. No puedo estar de acuerdo con el último análisis del profesor Gil Calvo: los jóvenes no son hoy peores de lo que nosotros, los ya adultos, fuimos. Ni mejores.
06/11/06
31 octubre 2006
La cancioncilla vasca (a vueltas con el proceso de paz...)
Todo lo que dice el Sr. Atxaga en su artículo de EL PAIS, 08/04/2006, La canción, es cierto.
También es cierto que es aplicable con algún matiz, aunque de pequeño calibre, a Catalunya, y en menor medida, a Baleares, a Valencia o a Galicia; aunque no sé, ni acierto a entender, por qué ejemplifica su exposición -lo siento, pero no veo que alcance a ser ensayo- con Extremadura y Cantabria y no con las arriba indicadas.
Pero -conjunción adversativa donde la haya: advierte de que un adversario amenaza en el horizonte- si sé que algo no encaja en su tesis.
También en Catalunya, cuya situación conozco de primera mano, apareció en 1968 la canción que llegó a ser denominada como el segundo himno nacional: "L'estaca", de Lluís Llach, cuya letra enardecida nos llamaba a pasar a la acción; eso, sin contar con la letra del propio himno oficial de Catalunya: 'esmolem ben be les eines, ¡bon cop de fals! ¡bon cop de fals!' defensors de la terra ¡bon cop de fals! ' ('afilemos bien las herramientas ¡buen golpe de hoz! ¡buen golpe de hoz! ...').
El disco de Llach vendió, sólo en 1969, más de 100.000 copias, y durante años y años fue cantada con la fuerza interna de lo que representaba: el grito de unos ciudadanos contra una realidad dictatorial, autoritaria y violenta, y como el Sr. Atxaga debería poder ver, no cabe decir que en Catalunya enraizara un terrorismo criminal como el de ETA (¿Terra Lliure?, por suerte para nosotros, la política –ERC–lo mató, y no al revés, como acabará pasando entre ETA y la –mal llamada izquierda– izquierda abertzale).
Como digo, algo no cuadra: ¿no olvida el Sr. Atxaga algo como la ideología –para mí: protofascista y radicalmente xenófoba, cuando no vulgarmente racista– de Sabino Arana? ¿Tan importante se cree el Sr. Atxaga, en su conciencia de escritor, que sostiene que una canción puede llevarnos al terrorismo? Le pido al estimado Sr. Atxaga algo más de humildad corporativa: no son ellos, los escritores, y menos los de cancioncillas, la palanca que mueve al mundo; las palabras sí lo son, pero éstas las utilizamos todos.
Esto es lo que sí sé: Sabino Arana, sus discípulos y correligionarios de entonces, de más tarde y de ahora , utilizaron –utilizan– las palabras sembrándolas como vientos violentos y enardecidos... y recogieron lo que tenían que recoger: tempestades.
Me atrevo a sugerir una atenta lectura del artículo de José F. de la Sota, EL PAIS, 07/04/2006, "Reconstruir la casa", después nos – y le– costará poco aceptar que la raíz de nuestro particular Mitch no es, no puede ser sólo, una cancioncilla.
(Artículo de EL PAIS, de Bernardo Atxaga: La canción)
30/10/06
También es cierto que es aplicable con algún matiz, aunque de pequeño calibre, a Catalunya, y en menor medida, a Baleares, a Valencia o a Galicia; aunque no sé, ni acierto a entender, por qué ejemplifica su exposición -lo siento, pero no veo que alcance a ser ensayo- con Extremadura y Cantabria y no con las arriba indicadas.
Pero -conjunción adversativa donde la haya: advierte de que un adversario amenaza en el horizonte- si sé que algo no encaja en su tesis.
También en Catalunya, cuya situación conozco de primera mano, apareció en 1968 la canción que llegó a ser denominada como el segundo himno nacional: "L'estaca", de Lluís Llach, cuya letra enardecida nos llamaba a pasar a la acción; eso, sin contar con la letra del propio himno oficial de Catalunya: 'esmolem ben be les eines, ¡bon cop de fals! ¡bon cop de fals!' defensors de la terra ¡bon cop de fals! ' ('afilemos bien las herramientas ¡buen golpe de hoz! ¡buen golpe de hoz! ...').
El disco de Llach vendió, sólo en 1969, más de 100.000 copias, y durante años y años fue cantada con la fuerza interna de lo que representaba: el grito de unos ciudadanos contra una realidad dictatorial, autoritaria y violenta, y como el Sr. Atxaga debería poder ver, no cabe decir que en Catalunya enraizara un terrorismo criminal como el de ETA (¿Terra Lliure?, por suerte para nosotros, la política –ERC–lo mató, y no al revés, como acabará pasando entre ETA y la –mal llamada izquierda– izquierda abertzale).
Como digo, algo no cuadra: ¿no olvida el Sr. Atxaga algo como la ideología –para mí: protofascista y radicalmente xenófoba, cuando no vulgarmente racista– de Sabino Arana? ¿Tan importante se cree el Sr. Atxaga, en su conciencia de escritor, que sostiene que una canción puede llevarnos al terrorismo? Le pido al estimado Sr. Atxaga algo más de humildad corporativa: no son ellos, los escritores, y menos los de cancioncillas, la palanca que mueve al mundo; las palabras sí lo son, pero éstas las utilizamos todos.
Esto es lo que sí sé: Sabino Arana, sus discípulos y correligionarios de entonces, de más tarde y de ahora , utilizaron –utilizan– las palabras sembrándolas como vientos violentos y enardecidos... y recogieron lo que tenían que recoger: tempestades.
Me atrevo a sugerir una atenta lectura del artículo de José F. de la Sota, EL PAIS, 07/04/2006, "Reconstruir la casa", después nos – y le– costará poco aceptar que la raíz de nuestro particular Mitch no es, no puede ser sólo, una cancioncilla.
(Artículo de EL PAIS, de Bernardo Atxaga: La canción)
30/10/06
25 octubre 2006
Para Lluvia
Curioso apelativo éste: meteoro que igual vivifica que mortifica, pues...
Lluvia de invierno, que suaviza su sequedad y llama a las melancolías.
Lluvia de verano, que refresca el poniente mediterráneo y destroza el grano castellano.
Lluvia de primavera, igual que se encharca y se pudre, da color y olor a las flores.
Lluvia de otoño, tan querida por los pantanos como temida por las rieras.
Y tú ¿qué Lluvia eres?
Sé –sábete– lluvia bienvenida.
25/10/06
Lluvia de invierno, que suaviza su sequedad y llama a las melancolías.
Lluvia de verano, que refresca el poniente mediterráneo y destroza el grano castellano.
Lluvia de primavera, igual que se encharca y se pudre, da color y olor a las flores.
Lluvia de otoño, tan querida por los pantanos como temida por las rieras.
Y tú ¿qué Lluvia eres?
Sé –sábete– lluvia bienvenida.
25/10/06
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