22 marzo 2007

Del machismo (II)

Se hace camino al andar

A partir del viernes 16 de marzo, en España los hombres somos un poco más libres, porque, a pesar del viejo dicho, mis derechos y mis libertades empiezan donde empiezan los de mis vecinos (hoy, las mujeres) y acaban donde para ellas acaban.

Aún queda camino por hacer: hagámoslo y recorrámoslo.

19/03/07

Se equivocan...

Se equivocan. Desgraciadamente para nosotros, nuestros actuales gobernantes se equivocan de medio a medio.

Y el presidente Zapatero por encima de todos.

Y la equivocación no es ya la "política" (que no es tal) del "y tú más". Y aún siendo grave –por el ataque subyacente a una institución democrática–, tampoco es ya amenazar con echar en cara al que fue un poder legal y legítimo algo que hizo y que en su momento, no lo olvidemos, fue totalmente legal y legítimo.

Ni es sólo el no aceptar –e intentar camuflar con bellas palabras y persona interpuesta– que ante un grave error, en este caso, grave error judicial – el que la facción del poder judicial llamada conservadora, para mas inri, ha cometido con De Juana Chaos– por desproporción, sólo cabe la enmienda –y las enmiendas nunca acaban de pagar el error, tan sólo lo enmiendan.

Intentar colar que lo que se hace no es ya una corrección de un error, sino una medida realizada desde la humanidad del poder, cuando la verdad última es que se aplica desde la nada procesal y en base a presupuestos que nada tienen que ver con lo realmente acaecido, sólo puede inducir al rechazo y a la incomprensión. A la abstención política.

Pero esto ni es todo ni es lo peor.

Lo grave, lo tremendamente grave es que no ganarán a los otros, a la derechona infame y ultramontana, con sólo las palabras. Ahí perderán.

Perderán ellos y, de rebote, nosotros, los ciudadanos todos.

No necesitamos a nadie de la izquierda con lazos azules, pues en realidad nadie hay secuestrado. No necesitamos a nadie de la izquierda blandiendo hermosas retóricas y afilingranadas sentencias, pues en ese terreno, los zafios, embusteros y ladinos siempre llevan las de ganar: son sus mañas, que no la fuerza de sus argumentos, las que nos descolocan.

Necesitamos de la izquierda política sus obras: ahí ganarán votos para la democracia, que es lo que importa, y de retruque, para los partidos de izquierda, que también importa.
Queridos gobernantes, dejen de platicar sobre si fueron galgos o podencos, dejen de asustar con imágenes de fieros dobermanns, no permitan que la fuerza se les vaya por la boca. Obren, y que sus actos, y no la retórica, sean el relato de su política.

12/03/07

Las profundas divisiones políticas

Las profundas divisiones de la izquierda italiana...

Cuando el homenaje al Guti, estuve hablando con mi amigo XXXXXX sobre el incontrovertible hecho de que las izquierdas tienen un especial capacidad de desintegrarse en grupos. Adujimos, los dos, como una posible causa de que ello no ocurra en las derechas el hecho, también incontrovertible, de los intereses económicos –más que ideológicos– que éstas tienen, sobre todo si detentan el poder.

Le advertí de que en la extrema derecha ocurre lo mismo. Estuvimos divagando sobre personalismos, cosa que puede ser común a derechas e izquierdas, sobre prevalencia de ideología –como teoría, pero con cierta carga negativa y peyorativa– sobre práctica, cosa que también puede ser común a todo el espectro político, sobre todo si no está en el poder... y lo tuvimos que dejar porque empezaba el emotivo acto de homenaje a Antonio Gutiérrez Díaz, el Guti.

Me quedé, pues, con el mal sabor de boca de dejar igualadas derechas e izquierdas ¿es posible que hoy, y cuando se alcanza el poder, y por lo que hace a la patrimonialización del mismo, las izquierdas no sean más que derechas progresistas, o que, viceversa, las derechas no sean más que izquierdas reaccionarias?

Las fuerzas centrífugas que se desatan en los partidos que no están en el poder ¿tienen en las derechas y en las izquierdas la misma razón última?

Tal vez, y de alguna manera, lo ocurrido en Italia con el gobierno Prodi nos de una clave en negativo: las izquierdas, al defender unos réditos abstractos y nada concretos, se ven abocadas a una defensa de intereses siempre situados más allá de lo que motiva el pragmatismo del corto –cortísimo, a veces– plazo de la gestión del poder. Y con ello no acuso a esa izquierda de pedir que nos sacrifiquemos hoy para disponer del paraíso mañana –que es, en cambio, lo que suele demandarnos la derecha–, sino que alabo su gestión con vistas al medio y largo plazo, a la par que indico la intrínseca dificultad de llevar dicha gestión a la práctica y congeniarla con medidas pragmáticas, la oportunidad de las cuales –siempre cuestionable, obviamente– suele desestabilizar las alianzas –usualmente, las de izquierdas.

Afirmo que sí hay algo intrínsecamente distinto en las políticas de las izquierdas y de las derechas, y que aún generando efectos similares, lo hacen en diferentes sentidos.

...no son menos profundas que las profundas divisiones de la derecha francesa.

El extremo cortoplacismo de la derecha y la extrema derecha, pues su estrategia, cuando se pueda llamar así, se basa en no cambiar nada ni a corto ni a medio o largo plazo –o cambiar para “detrás”, en lo que sería un negativoplacismo–, sólo obtiene réditos si llega al poder e implanta aquellas medidas que permiten sojuzgar al contrario, y sólo evita la diáspora de sus cuadros si logra vender (sí: vender, incluso económicamente) la posibilidad de obtener esos réditos. Otro tema es quién les vota, de lo que aquí no hablamos, y de cómo protege el mínimo suelo de votos para mantenerse como posibilidad de poder.

La visión a largo plazo de la izquierda, inherente a cualquier cambio “hacia delante” de la sociedad –aún sin saber qué es adelante o qué es detrás, excepto juicio moral previo mediante–, se ve sometida a la misma tensión: sólo si es capaz de convencer(se) de que es una alternativa viable, racional y razonable –y argumentada hasta la extenuación– logrará que sus cuadros se mantengan en una organización determinada y evitará que se planteen formar otro partido con su propia alternativa viable, racional y razonable –y argumentada hasta la extenuación–. Con la desventaja, asumida con ganas como necesaria, de que la creación de espacios de libertad le impide –si quiere seguir siendo una opción de izquierdas– sojuzgar al contrario bajo pena de lesa ideología. También es otro tema quién les vota, de lo que aquí no hablamos, y de cómo mantiene el mínimo suelo de votos para salvaguardar la posibilidad de presentarse como alternativa.

Podemos afirmar que el hecho de tener la capacidad de gestionar el poder siempre es un poderoso –valga la redundancia– elemento de cohesión, que tapa fuerzas centrífugas, fuerzas cuyo sentido es, en general, radicalmente opuesto en las derechas o en las izquierdas. Pero...

Pero sin prejuzgar por su ubicación ideológica maldades –o bondades– intrínsecas en las actuaciones individuales –maldades que pueden darse en personas de todo el espectro ideológico y ante las cuales sería la justicia la encargada de emitir el fallo–, los réditos abstractos y generales no deben –pero pueden: he ahí el peligro– amparar intereses concretos y particulares –aunque sí afecten a personas concretas–, excepto que aquéllos réditos no sean tan abstractos ni tan generales –con lo que estarían siendo pervertidos–, por lo que en aquellas políticas donde las medidas a medio y largo plazo sean definitorias de las estrategias del poder –y ello puede darse en cualquier opción política: las derechas e izquierdas siempre son relativas: la derecha alemana, y parte de la francesa, podría pasar por un centro izquierda español...–, éste será menos cohesionante –y por ello, menos estabilizante– y será mas fácil caer en crisis provocadas por la praxis de la gestión del poder. Ejemplos no faltan.

Así que no. No son iguales las fuerzas que desintegran a un partido –de derechas o de izquierdas– que no esté en el poder o que no tenga posibilidades de detentarlo.

Y no, no es el poder económico lo que mantiene atemperadas las fuerzas centrífugas de los partidos de izquierda –por lo menos en todo aquello en que estos puedan ser llamados de izquierdas.

Es cuestión al margen, cuyo tratamiento desborda el concepto de derechas –por ampliación y subordinación del mismo, que no por negación–, la poderosa fuerza centrípeta de la política identitaria. Tan poderosa –y tan ideológica– es esta fuerza que al no necesitar del cohesionante poder económico, casi, casi se confunde –mimetizándose, cuando le dejan– con las teorías de izquierda.

Resumiendo: el poder cohesiona, sí. Pero en un caso es el poder –como sustantivo– de poder hacer algo desde la ética y moralmente aceptable, y en el otro es el poder –como verbo– poder.

Respectivamente: izquierdas y derechas; visión a medio y largo plazo y visión a corto plazo; actuación ética y universal y actuación no ética y sectaria.
El poder como instrumento o el poder como fin. En eso nos distinguimos.

05/03/07

27 febrero 2007

Complicación: otro aforismo

Como complemento al aforismo de Complejidad: un aforismo, vaya por delante el siguiente corolario:

No es que los informáticos no sepamos por qué algo no funciona, es que ya no sabemos por qué algo funciona.

Lo que aún nos permite abundar en aquel aforismo, enunciando que:

No es verdad que los sistemas de información sean cada vez más inteligentes, sino que lo cierto es que su endemoniada complicación (que no complejidad) nos hace -particularmente a los informáticos- cada vez más estúpidos.

26/02/07

22 febrero 2007

Complejidad: un aforismo.

Primero, el aforismo.

Dado un sistema (1) suficientemente complejo, la inteligencia del sistema implicará la necesaria estupidez de sus componentes, y la inteligencia de sus componentes implicará necesariamente la aparición de comportamientos del sistema que parecerán estúpidos e incluso el sistema se podrá volver esquizofrénico y -parecer que pueda- padecer procesos autoinmunes (y eso pasará por hipostasiar al sistema, dígasele empresa, nacion, administración...).

Cómo que es un aforismo y no alcanza a ser una tesis, no lo tenemos que argumentar, sin embargo, y para darle cierto apoyo, lo explicitaremos a través de dos ejemplos. Cogemos un sistema complejo e inteligente: el ser humano, del que podríamos decir que cae en la primer parto del aforismo ¿habéis visto algo más estúpido que un hígado, por muy necesario que sea? Cogemos la Humanidad, de la que podríamos decir que se trata de un sistema que cae en la segunda parte ¿Habéis visto comportamiento más estúpido -y criminal, por muy racional que sea- que una guerra?

Segundo, el resto.

Así, pues, y si el aforismo fuera verosímil, que no verdadero, nos indicaría de alguna manera que el paradigma de la complejidad se inherente a la sociedad humana, y que, más que reducirse en el tiempo, aumentará a medida que aumenten nuestros conocimientos

Esta tesis la podríamos hacer conectar con la tesis de que una de las patas de la enseñanza, el instruir en las artes y las técnicas, nos lleva hacia la locura creativa. Locura que, para manejarla en toda su complejidad y en todas sus posibilidades, tiene que tener un freno: la cordura, que será aportado por la otro pata: la educación, entendido su significado desde la raíz de "*duce": conducir.

Parémonos a pensar: por qué pueden ir los coches a 300, y más, kilómetros por hora? Quiero hacer mención que estamos pidiendo por qué pueden, y no por qué van. El por qué van? es casi una pregunta retórica: porque tienen un motor, claro! Pero, insistimos, por qué pueden? Pues porque tienen frenos. Porque si no los tuvieran, irían -el motor continuaría funcionando-, pero al primer accidente del terreno, a la primera curva del camino, dejarían de poder ir. Y con esto estamos ya preparando el fin del presente texto.

Tercero, y vamos finalizando.

Si el aforismo fuera verosímil y la tesis de las dos patas de la enseñanza -que no la hemos argumentado, es cierto, por carencia de espacio y porque sería un digresión con respecto al tema: complejidad- fuera verdadera, el Humanismo actuaría más como un freno, más como un sistema de poner cordura, y su método de trabajo se complacería más con la reflexión que con el experimento.

La relación que podamos establecer entre Humanidades/Humanismo y el resto de asignaturas de las artes y de las técnicas se paralela a la que podamos decir que existe entre razonable y racional, que si bien los dos conceptos provienen de razón, el matiz que los diferencia tiene la magnitud de un mundo.



(1) Entendemos por sistema un conjunto de elementos (tan elementales cómo haga falta o interese detallar), de los cuales se pueden hacer evidentes unas interrelaciones, unas particiones en base a estas relaciones internas, un nuevas interrelaciones de las particiones y unas nuevas particiones de grado superior en base a las relaciones de este nuevo nivel... y así (relaciones -> particiones -> relaciones -> particiones... ) hasta que haga falta o interese profundizar.

22/02/07